Gabriela Gallardo, o la señora “Gaby”, como es nombrada por las personas que la ven a diario en su florería -ubicada a las afueras del supermercado Líder de Providencia- es una de las más antiguas locatarias del sector de calle Seminario con Rancagua, es por ello que se ha convertido en una de las principales fuentes de información para los medios, en el caso que ha estremecido al sector, el asesinato de Diego Smith-Ebbel Nehus
Nada es lo mismo desde el trágico día de Noviembre en que una bala dio muerte al joven ingeniero Diego Smith-Ebbel Nehus, en calle Seminario, ahora el barrio vive con el constante ir y venir de la policía y por sobre todo, de la prensa. Este hecho se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para las personas que residen y que trabajan en el sector, ya que se han convertido en blanco de constantes peritajes y preguntas durante el periodo que ha ocurrido desde este episodio.
Los locales son los mudos testigos, los locatarios nada quieren saber sobre preguntas e interrogatorios, están asqueados, intranquilos, además, según lo relatado por ellos mismos, algunos de ellos dice haber oído amenazas de muerte, las que sean o no ciertas, son un factor importante a la hora de decidir si dar o no alguna declaración.
Al recorrer los locales, sin ser aparentemente un cliente, ellos pueden percibir que se trata de un interesado en conocer más detalles del hecho, por lo que su letargo y rechazo hacia las preguntas son evidentes, impidiendo dilucidar antecedentes no conocidos.
El comercio de esta zona no es relativamente nuevo, encontramos desde ferreterías hasta carnicerías, un restorán de comida peruana y un bazar-paquetería, más aún, si nos remitimos a la ubicación de los locales el que más se aproxima al lugar de los hechos es una florería que se encuentra ubicada al costado izquierdo de la residencia que habitaba la principal acusada del brutal homicidio, o “La Quintrala”, como ha sido denominada, María del Pilar Pérez.
La florería comparte ubicación con la casa de la acusada, y es a simple vista, un lugar relevante en el preludio de los hechos, si consideramos, la cercanía entre un lugar a otro.
¿Cómo está señora Gaby?, le pregunta cariñosamente una de los tantos clientes que acuden a la florería. Ella es muy conocida en el barrio, es común que la gente se refiera a ella de manera respetuosa, pero con cierta cercanía, reflejando en este hecho la larga data que tiene la instalación de su negocio. Esta florería ha subsistido a pesar de la incorporación de un hipermercado, ayudando a equilibrar la modernidad con la tradición de este barrio, que alberga una cantidad importante de gente mayor.
Doña Gabriela jamás se imaginó que su negocio lograría mantenerse por casi veinte años. Desde que se dedicó por completo a esta tienda, se ha involucrado a la vez con el barrio. Paulatinamente se ha convertido en un personaje muy reconocido en el barrio, por lo que si alguien puede hablar con propiedad sobre este sector es ella.
La señora Gabriela es una mujer de sesenta años, de cabello canoso pero que aún conserva la tonalidad natural de su cabello, de hace algunos años. Posee baja estatura y se mueve en un lento andar, acarreando consigo baldes con agua para la mercadería. Su rostro cansado es una extraña mezcla de ternura y desconfianza, al parecer hacia los extraños, no así hacia los conocidos, que acuden constantemente a su florería. Su mirada permanece entre su interlocutor y la preocupación por cada una de sus rosas. Sus manos se mueven una y otra vez, apoyando su vehemencia en ellas para hacer sentir la molestia que le ocasiona la prensa en reiteradas ocasiones, ya que ha sido ella la principal fuente de información para los medios de comunicación.
“Ella es una persona muy correcta, muy buena, me da agua para tomar, y me cuida el negocio, algunas veces”, es la opinión de Roberto Gómez, quien es vendedor de verduras en la zona del estacionamiento del hipermercado, señala que él llegó hace poco tiempo a vender su mercadería en ese sector, pero que le llama la atención la cantidad de personas que la nombran con cariño, más aún reconoce que a pesar de la buena disposición que tiene con las personas, para ella el tema del asesinato es un tema delicado, por lo que comenta con dificultad el episodio . Reconoce haberla visto muy afectada al hablar de aquello, pero que mantiene su actitud reticente a pesar de las insistencias.
Todos los residentes del barrio saben su nombre, y entablan relaciones con ella, relaciones que son muy disímiles entre sí, siendo una de las más satisfactorias la construida con la familia Molina y su yerno Diego.
Ella conocía los movimientos en la casa de los Molina y en la casa vecina, que era la residencia de María del Pilar Pérez, de manera que tenía el más completo conocimiento sobre la situación en la que se encontraban inmersas ambas familias. En un comienzo Doña Gabriela se muestra reticente a entablar una conversación sobre los detalles de la vida de los Molina y de su peculiar vecina Pilar, debido a lo delicado del caso, y a lo contingente que es aún, confiesa a la vez que su familia le prohibió referirse al hecho desde que los medios la señalaron como responsable del apodo de “La Quintrala”. Prohibición que va desde alguna persona que presente una mínima cercanía con los medios de comunicación, por ejemplo, estudiantes de primer año de Periodismo, hasta prensa escrita y televisiva.
No es fácil para ella, han sido semanas de interrogatorios por parte de la policía y por parte de los medios de comunicación, los cuales se han valido de la cercanía de su local con el hecho, ya que a tan sólo metros del local un sicario terminó con la vida del joven ingeniero.
“No, no quiero hablar”, es la primera manifestación que esgrime al preguntarle sobre el hecho, más aún, se manifiesta enfadada, y completamente defraudada de las cosas que han escrito los periodistas que han recurrido a ella como una fuente en el caso. Menciona algunos diarios de circulación nacional como los principales culpables de su desinterés en aportar más datos al caso, según ella lo que más le afectó fue el hecho de que estos mismos medios la describían como “La señora de la florería”, haciendo clara alusión a su persona, ya que la suya es la única florería que provee al sector. Otro punto en su negativa a referirse sobre el trágico episodio es al que tiene relación con el calificativo con el que han denominado a María del Pilar Pérez, “La Quintrala”, el cual se le ha atribuido a ella públicamente, dándola por aludida de alguna u otra manera. El hecho de que según los medios, ella es la responsable del calificativo, le molesta profundamente, pues ella no se siente responsable, sino que reconoce que la gente del sector se ha encargado de dar origen al apodo de María del Pilar Pérez, ya que con el correr de los años los locatarios habían tomando conocimiento del especial carácter de “La Quintrala”, por lo que espontáneamente éste se fue transformando en un secreto a voces que ha cubierto las portadas de los diarios en las últimas semanas. Es por ello que considera que ha sido víctima de la prensa, ya que han tergiversado sus declaraciones.
La señora Gaby deja en evidencia su temor a ser reconocida como testigo clave de los hechos que ocurrieron antes de desatarse la tragedia, al no querer que su figura se emplace como principal cuestionadora de “La Quintrala”, sin embargo, su necesidad de expresar su molestia resultó ser su peor aliado, al dar a conocer detalles que la prensa ha utilizado como los pilares que sustentan las características sicopáticas de “La Quintrala”.
Eugenia Barrios es una de las clientas habituales de la señora Gaby, y ha apoyado la molestia de su vendedora y amiga, ya que reconoce que en las últimas semanas la florista ha debido soportar el acoso de la prensa, y responder preguntas incómodas, y que además, según su personal opinión, la relación de ella con la familia sigue siendo de mutuo respeto, y claramente ante las declaraciones de ella, esa relación se está quebrantando.
Aquel día de Noviembre ella llegó a la misma hora de siempre, aproximadamente a las 11 A.M, hora en que abre su local, y se dispone a ordenar y proveer de agua a su mercadería, mientras que de a poco comienzan a llegar los compradores. Ese día no partió como otros, ese día había demasiada gente en la afueras de la casa de sus vecinos y amigos los Molina, aquello le sorprendió y le apenó profundamente ya que tuvo la certeza en aquel momento que esto era el indicio de algo que muchas personas del barrio hubieran podido prever. Vio un cuerpo tirado en las afueras de la casa, desconocía de quién se trataba, más bien no quería creer que aquel cuerpo correspondiera , al joven Diego, al nuero del señor Molina, un joven que era muy correcto, atento, educado y respetuoso, no sólo con la familia, sino que además con ella , ya que en múltiples ocasiones él acudía a la florería para comprar un obsequio para su novia, momento en el que pedía consejos a la señora Gabriela, más aún le deseaba un buen día, siempre acompañado de su habitual buen humor y caballerosidad.
Aquel día la señora Gabriela, no llegó sola, la acompañó su amiga Soledad, la cual ayuda en la florería como contadora algunos días de la semana, aquel día le correspondía ir a la florería. Ella expresa que Diego se ha convertido en un ángel para la Señora Gabriela, ya que ella ha afirmado en diversas oportunidades, la misión que tenía que cumplir este joven, la de salvar a una familia completa y a la vez dejar en evidencia la maldad que venía percibiéndose desde la casa de María del Pilar Pérez, dice conocer lo agradecida que está de este joven, ya que según lo que ella le ha manifestado, sino fuera por la intervención del joven Diego, su hijo Roberto habría muerto.
La relación de Doña Gabriela, no sólo se remitía a los mutuos saludos y buenas palabras, que se intercambian a diario. Uno de los hijos de ella, estaba trabajando hace algún tiempo muy de cerca con la familia, ya que era el chofer del Señor Agustín Molina. Lo que hacía que ella se sintiera aún más agradecida de la generosidad de la familia, que le ofreció un empleo estable para su hijo, en medio del desempleo que venía afectándole hacía mucho tiempo.
Según la expresión su rostro y la veracidad de sus palabras, ella si veía a la familia Molina como su propia familia, ella se sentía parte de la cotidianidad de los Molina. En ningún momento sus palabras presentan un atisbo de negatividad hacia la figura de esta familia.
En su recuerdo quedarán los momentos en que intercambió palabras y saludos con Diego. La gran mayoría de los locatarios coincide en el profundo agradecimiento que llevará consigo la señora Gabriela, al manifestarle a gran parte de ellos que tiene la certeza absoluta que la vida de su hijo está a salvo gracias a la acción que realizó aquella mañana el joven ingeniero.
La señora Gabriela no tenía una buena relación con María del Pilar, más bien, era una relación que sólo se remitía a lejanas miradas y fríos saludos, ya que en más de alguna ocasión ella había tenido algún altercado con “La Quintrala”, ella percibía desde antes la mala intención que convivía en ella. Según el vendedor de del puesto de llaves contiguo a la florería, la señora Gabriela, no veía con buenos ojos a la señora María del Pilar, más bien, intuía que algo ocurriría , más, a pesar de la intención que tenía de acallar esas voces negativas, tenía el presentimiento, de que esa mujer destruiría a la familia.
En una oportunidad “La Quintrala”, se mostró indignada con que el esposo de la señora Gabriela, se apoyara sentado en el muro de la casa de ella, ya que desde el segundo piso, le dirigió palabras, para hacer que se alejara de su propiedad, por lo que la señora Gabriela debió construir un techo que diera sombra y que además, protegiera del sol la parte del lado de su negocio. Pero ése no fue el único altercado que más recuerda la señora Gaby, además en una oportunidad la mujer, la recriminó por haberle mojado la rueda del jeep, hecho que la florista realizó sin premeditación, rememorando que fue sólo un accidente.
Para ella la personalidad de la mujer era un hecho del que todos tenían conocimiento, debido al reducido núcleo del perímetro, siendo la casa Molina y la casa de María del Pilar Pérez, una de las pocas residencias tradicionales que se encuentran en esa esquina.
La florista conoce la relación entre ambas familias, y establece las diferencias en el trato, mientras que por un lado el señor Molina evitaba los problemas y enfrentamientos con su cuñada, “La Quintrala”, se mostraba conflictiva y en una actitud bastante a la defensiva. Su opinión con respecto a la acusada no ha variado desde que se conoció la noticia de la muerte de Diego y la participación que tenía aquella mujer. Más bien el hecho a dado punto final al sinnúmero de comentarios de lo que reconoce haber sido partícipe, no sólo debido a su cercanía física con ambas familias, sino que a su cordial relación con los Molina.
El completo silencio de la casa es percibida por la señora Gaby, se manifiesta apenada, ya que duda que volverá a ver a los Molina. La familia a la que consideraba como propia, se ha marchado, hacia un destino que nadie, ni siquiera ella, conoce. Mientras tanto ella seguirá en su florería, abasteciendo de flores al sector de calle seminario, eludiendo las preguntas de la prensa, pero por sobre todo, rezando por el descanso eterno del que ella considera un “ángel”, el joven Diego Smith-Ebbel Nehus

Diego Schmidt-Hebbel fue asesinado el pasado mes de noviembre, cuando se encontraba en las afueras de la casa de su polola, ubicada en calle Seminario con Rancagua. Fue alcanzado por una bala proveniente del arma que utilizaría el sicario José Ruz para asesinar, presumiblemente, a la familia Molina . Este sicario había sido contratado por María del Pilar Pérez, quien era cuñada del suegro de Diego. Este asesinato ha conmocionado a la opinión pública, debido a las escabrosas aristas que se han ido dilucidando en el avance de la investigación. Actualmente María del Pilar Pérez, y el sicario José Ruz , han sido formalizados por el asesinato de Diego Schmidt-Hebbel. En la fotografía, se aprecia el lugar exacto del deceso del joven ingeniero.

Frontis de la cuadra donde ocurrió la tragedia

El Letrero azul le da el nombre a la florería de la Señora Gaby, al costado izquierdo es posible apreciar parte de la casa de María del Pilar Pérez, y el muro que une a ambos lugares, el muro de la discordia que provocó altercados entre ambas.

















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