Francisco Saavedra Baldevenito: “El niño chinchinero más querido y conocido de Bellavista y Lastarria”

"Panchito el chinchinero"

Por Kamila Muñoz

“Panchito”- como le llaman cariñosamente en Bellavista y Lastarria- es “chinchinero” .Desde su  óptica infantil califica su labor como gratificante y entretenido.

La infancia es calificada por muchos como la edad más recordada, en la que lo más importante son los juegos y los amigos. Una época en la que la única realidad es la carencia de obligaciones relevantes, como es el hecho de trabajar. A pesar de lo antes mencionado, aún existen pequeños como “Panchito”.

 

-En un casa en la Villa “El Volcán”, en la comuna de Puente Alto, vive Francisco “Panchito” Saavedra , un pequeño de diez años, cuenta que cursa tercero básico, y que vive junto a su madre, padre y tres hermanos, siendo Francisco el hijo menor de la familia. A la edad de ocho años uno de sus primos le enseñó a tocar el  “chinchín”, instrumento que él no declinó a practicar, así fue como lo dominó con facilidad y en sólo dos días, y lo transformó en su hobbie, junto con el fútbol y el boxeo.

Acomodado en un asiento en Bellavista después de su rutina diaria, se denota en su rostro lo largo de su jornada, su pausado caminar refleja una introvertida personalidad que es reconocida por los locatarios del sector, sus palabras se remiten a monosílabos, su mirada perdida evita el contacto visual, fijando su atención en las personas que circulan a su alrededor y observando desde su óptica infantil lo especial del barrio en el que pasa la mayor parte de su tiempo, y en la que parece sentirse muy seguro y confiado. La preocupación constante por su instrumento es el reflejo de lo mucho que lo estima, al tocar su “chinchín”. Parece esconder  la timidez que irradia, más sus pies no dejan de moverse aún estando sentado, y es que las largas horas que dedica en él, han hecho de sus movimientos una constante melodía que acompaña su peregrinar por el sector.

 Cada día se dirige desde su hogar hasta éste, su lugar de trabajo. Su rutina comienza  a las seis de la tarde, momento en que  se apresta a realizar su show con su inseparable instrumento.

Su corta estatura y su pequeño “chinchín” captan la atención en el barrio, por lo que es reconocido y querido, ya que  pasa por ahí gran parte del tiempo, logrando que esta delgada y diminuta figura sea conocida entre los locatarios y los clientes que frecuentemente  visitan los pubs y restoranes  de Pío-Nono.  En las afueras de cada uno de estos locales realiza su espectáculo, durante un minuto las miradas se concentra en él y su instrumento, logrando no sólo aplausos, sino que además buenos dividendos,  de manos de los turistas que visitan este sector, quienes  perciben como pintoresco el espectáculo.

Local tras local recorre “Panchito”,  a pesar de sentirse enfermo o impedido por el frío o el calor, esto no es obstáculo para él ya que hacer lo que a él más le gusta es su prioridad. Su madre suele acompañarlo y lo espera en el comienzo de la calle, y una vez que termina su rutina- a eso de las nueve o diez de la noche- se encuentra con Francisco, con la inquietud de saber cuánto dinero ha recaudado y  conocer cuán buena estuvo la jornada, luego se dirigen a su hogar, así ocurre seis días a la semana.  Francisco posee un gran cariño hacia su madre, y explica que ella trabaja al comienzo de la calle tocando el organillo, no así por su padre, del que declina a referirse, ni menos menciona su ocupación.

“Panchito”, posee un círculo de amigos mayores que él,  ellos realizan la misma actividad en el Paseo Ahumada, además sus hermanos también dominan el “chinchín”, con la salvedad de que Francisco  recibe dinero por aquello.

El pequeño dice sentirse feliz y emocionado al concurrir a realizar su rutina diaria a bellavista, el motor que lo dirige a Bellavista es la satisfacción, es por ello que cotidianamente lo realiza, señalando que no lo hace por una motivación económica. Además, afirma que su familia a pesar de apoyarlo, no le agrada por completo esta situación, sin embargo, es acompañado y vigilado a diario por su madre. 

Posee sueños y motivaciones como todo niño, le gustaría ser un médico, y cree que seguirá siendo un “chinchinero”, sólo hasta los doce años, otra de sus motivaciones es la obtención de dinero, ya que de esa manera puede comprar golosinas o jugar en los videojuegos, por lo que es una buena manera de suplir sus necesidades infantiles como cualquier niño de su edad, mientras que por otro lado segura  darle  alguna cantidad a su madre.

Su relación con el barrio es óptima, no le intimida el  hecho de entablar conversaciones con personas mucho mayores , que se instalan en los locales, sino que atiende  correctamente las preguntas de ellos, y por sobre todo los consejos, en los que una y otra vez le recalcan el valor de los estudios en la formación de un pequeño como él. No han sido pocas las veces en las cuales le hayan preguntado sobre su escolaridad, y es que el hecho de verlo transitar a diario genera suspicacias, todo pareciera indicar que no existe certeza absoluta sobre su situación educacional.

Loreto Rodríguez clienta del Pub “Locos por el Deporte”, reconoce el hermoso arte que desarrolla el pequeño, le parece un espectáculo interesante, Francisco llamó su atención de inmediato, a pesar de existir otros pequeños trabajando en el sector, pero desde su perspectiva no sólo es un entorno inadecuado para el desarrollo del menor- al observar lo que según ella es un pésimo modelo a seguir- como el consumo de alcohol y cigarrillos- sino que además su precoz relación con el trabajo es algo aberrante y demuestra  la falta de un hogar protector para “Panchito”, al hacerlo trabajar desde tan pequeño y en condiciones poco seguras, un entorno inadecuado, en el que el menor aparentemente podría estar siendo víctima de explotación, ya que cree que no se trata sólo de una afición por esta actividad , sino de un obligación, en la que sus padres buscan  sustento económico.

La controversia provocada por esta situación es discutida cada día por los meseros y locatarios que ven a  “Panchito” a diario. La carencia de una figura que lo vigile es juzgada, y no existe certeza absoluta sobre la ocupación de la madre, ya que  la mayoría reconoce desconocer la fuente de ingresos de la familia del menor.

Francisco asegura nunca haber sufrido de algún episodio desagradable mientras actúa, nunca ningún cliente o transeúnte ha mostrado aversión hacia él, sino que más bien se muestran atentos e interesados en conocer detalles de su labor, a pesar de aquello se siente un tanto desamparado, ya que le gustaría que su madre lo acompañara, que ella estuviera realmente presente, encaminándolo hacia cada nueva presentación.

A pesar de corta edad, se define como un niño valiente, ya que parece estar plenamente consciente de los riegos que corre al hacer de Bellavista su lugar de trabajo, sino que no  teme cruzar la calle y transitar solamente acompañado de su bombo, por tardes y noches, desprovisto de una figura que permanentemente lo vigile de cerca.

La ingenuidad y retraimiento de “Panchito”, es reconocida por este entorno, Esteban Garrido, mesero de “Locos por el Deporte, lleva seis meses trabajando en este local, por lo que mantiene un contacto permanente a diario, coincide con que es un pequeño  correcto,  cordial , respetuoso con los clientes y educado, que no rechaza recibir alguna colación como muestra de cariño o palabras de preocupación, y que jamás ha sido visto causando conflictos o se ha mostrado agresivo de modo alguno, por lo que rápidamente ha merecido la amistad unánime. Otro aspecto que concuerda con el testimonio anterior, es el hecho de que la única preocupación a la que debería dedicar tiempo completo es  a los estudios, siendo ésa la única manera de desligarse del ambiente en el que vive. Reconoce que su madre debería jugar un rol más activo en las actuaciones, y que este talento sólo es aprovechado por la familia para obtener recursos, una necesidad más que una manera de proyectar todo el potencial que hay en él. Sostiene que los clientes se muestran interesados en dialogar con “Panchito”, ya que posee un carisma especial, por lo que los encargados de los locales no ven problema en que él entretenga a los clientes, siendo su espectáculo muy bien recibido, no sólo fuera de los locales , sino que además, adentro de ellos.

 

Un denominador común se presenta en los testimonios, y es el hecho de reconocer la dedicación, expresado en el ímpetu con el que se desenvuelve cuando actúa, poniendo atención a cada detalle e intentando entregarle a su espectáculo un matiz distinto, adicionado a la imagen enternecedora de su pequeño “chinchín”, algo que sin duda es el factor hipnótico para las personas que lo presencian. Les sorprende la madurez que  proyecta, tomando en consideración sus diez años de edad.

 

El local “Amapola”, es otro escenario de sus actuaciones, la mesera de este pub, Beatriz Alarcón, ha entablado con él una relación maternal, le preocupa que trabaje hasta las diez de la noche, y afirma que no sólo le preocupa su integridad. Argumenta tener certeza absoluta que el pequeño no asiste al colegio, de hecho dice que no sabe leer ni escribir, sólo reconoce la palabra “cerveza” en los pendones existentes en los locales, lo que para ella es una muestra fidedigna de la carencia educacional, ya que a sus diez años debería manejar a la perfección las palabras, siendo ésta una evidencia real de la negligencia de los padres, que además de hacerlo trabajar diariamente, lo apartan del derecho a estudiar, factor que la conmueve profundamente, ya que en dos oportunidades ha hablado con la madre de “Panchito”, haciéndole saber lo negativo de la situación y su molestia, a lo que la madre declina a dar alguna explicación, evitando relacionarse con las personas que estiman a Francisco en el barrio, lo que da luces de su conocimiento en torno a la grave situación y del repudio unánime con que es vista.

La mesera sostiene que la madre no tiene una ocupación y que su hijo es el medio con que obtiene recursos económicos, por lo que las palabras del pequeño no hacen más que omitir detalles y esconder la verdadera naturaleza de su jornada, además ante aquello es apreciable desde su ángulo, que Panchito defiende fuertemente  a su madre, y que por ello inventa que ella se dedica a tocar el organillo en  ese sector, por lo que no sólo es obligado  a trabajar, sino que también a mentir, al afirmar que cursa tercer año básico, prueba de aquello es el  nerviosismo y la duda que muestra al ser preguntado por su situación escolar, eludiendo la mirada, obedeciendo de esa forma las órdenes de su madre.

Beatriz dice haber visto a “Panchito” trabajar en el Barrio Lastarria, durante la hora del almuerzo, de manera que no sólo es obligado a trabajar en Bellavista , realizando su rutina en dos barrios simultáneos, transcurriendo su jornada en un ir y venir constante entre ambos sectores,  y asegura que curiosamente el menor jamás ha mencionado sobre su labor en Lastarria, sólo se remite a omitr detalles personales de esa índole. Ella se muestra perpleja ante aquello ya que adicionalmente de las  seis  horas que debe trabajar en Bellavista, destina tres horas a hacerlo en Lastarria, dejando en evidencia las suposiciones de ella, que “Panchito” trabaja durante todo el día y que no hay indicios de su  presencia en algún recinto educacional. A pesar de que Beatriz  lo ha visto en algunas oportunidades con vestimenta escolar, ella se muestra escéptica y cree que es sólo para dar indicios de una escolaridad inexistente.

Concuerda en que fácilmente  el pequeño obtiene alrededor de diez mil a veinte mil pesos  regularmente, pero que la mayoría de las personas que colaboran lo hacen sólo por la pena que les causa su precoz función, mientras que los turistas lo observan más bien como algo novedoso. Además acusa al alcalde de Recoleta de fomentar su trabajo, al obsequiarle el chinchín que ha  estado utilizando por casi un año, mientras que no realiza ningún esfuerzo por integrar al pequeño en un recinto de protección, o una denuncia formal, lo cual motivó a Beatriz a acudir a Carabineros, quienes le expresaron que la única solución para “Panchito”, era conducir su caso al SENAME, por lo que ella ha pesar de tener la intención de ayudarlo, cree que no será una buena solución, ya que lo alejarían de su núcleo familiar, tan importante en su desarrollo.

Valora la personalidad humilde y el profundo amor hacia su  familia, que expresa en el hecho de mentir para protegerlos, mostrando la especial manera de ser del pequeño “chinchinero”.

 

Aparentemente Francisco destina gran parte de su tiempo en mantener a su familia, dirigiéndose a eso de las tres de la tarde de lunes a vienes a Lastarria, momento en el que realmente da comienzo a su habitual rutina.

 

En Lastarria es conocido en todos los locales, el nombre “Panchito” de inmediato es relacionado con un pequeño de diez años, que toca el “chinchín”, logrando ser merecedor del  cariño de los meseros y administradores de los restaurantes del conocido barrio. En ambos lugares se reconoce la penosa actividad que debe realizar, aunque a diferencia de Bellavista, en Lastarria afirman no haberlo visto jamás acompañado por un adulto, y destacan la introversión y  sencillez del pequeño, tan  percibida por igual en ambos sitios.

 

Jaime Osorio es mesero del restorán “Kross” de Lastarria,  lleva cuatro meses trabajando, por lo que lo conoce hace meses atrás. Se considera amigo del niño y opina que “Panchito” más que considerarlo como un hobbie califica lo que hace como un trabajo. Sostiene  que actúa desde las tres a las seis de la tarde, durante seis días a la semana, formando prácticamente parte de la terraza de este local, en el que le regalan jugo o galletas, cualquier cosa que tengan al alcance. Jaime ha logrado conocer al pequeño, y lo considera bastante introvertido y tranquilo, aunque un tanto esquivo cuando se le pregunta por su familia, en específico por su madre. Nunca  lo ha visto descuidado o con signos físicos de agresión, es más, con motivo de la celebración de fiestas patrias, Francisco lució un atuendo acorde con los festejos.

 

Francisco Saavedra un pequeño que llama la tención por doquier, con una actitud que en absoluto se asemeja a la de un pequeño de tan corta edad. Ha debido luchar silenciosamente con  la precaria situación en la que está inmersa su familia, lo que es para él una razón suficiente para olvidarse de su rol como un niño común, entre amigos y partidos de fútbol. Camina por las calles protegido sólo por su “Chinchín”, desamparado y en un problema que según los testimonios no tiene una solución aparente, una desprotección que yace en su núcleo familiar.

Advertisement

~ por kafemunoz en octubre 9, 2008.

Una respuesta to “Francisco Saavedra Baldevenito: “El niño chinchinero más querido y conocido de Bellavista y Lastarria””

  1. hola Kamila,mi nombre es Raul Salas soy un admirador de penchito,lo observo desde mucho tiempo y me sorprende su habilidad
    para ejecutar su oficio.
    con un grupo de amigos tenemos la inquietud de dejar plasmado en un documental basado en la vida de este singular personaje y su entorno,la idea pretende mostrar al mundo que nuestra cultura no ha muerto y esta mas viva que nunca,en manos de artistas como panchito y de paso generar la inquietud en la gente y autoridades
    que existen necesidaes,como formas de educar a estos artistas y no
    perder nuestras tradiciones….
    si tienes informacion que nos pueda ayudar se agradece.
    perder

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.